27 de junho de 2016

Crônicas do Cotidiano - Praça de Alimentação



Belíssimo texto do  Rafael Trindade, do site razaoinadequada.com

Não sou adepto da Sad Food, mas acredito ser esta a visão da nossa realidade -  descrita tão lucidadamente por Zigmund Bauman. 
***
Havia pouco tempo, e, como dizem, a ocasião faz o ladrão. O único jeito seria uma promoção de Sad Food. Ah, sim, tem aquela promoção das batatas, eu adoro batatas, ou pelo menos acho que gosto, ou será que eu gosto da quantidade de sal? Insira seu cartão… olho para a cara do atendente, meu Deus! Ele é talvez uns 10 anos mais novo que eu! E já foi engolido pelo grande irmão. Qual a diferença dele do outro lado do balcão e eu digitando a senha? Por que eu aqui e ele lá?
Saio quase arrependido, mas a fome é maior que meus escrúpulos, princípios ou ideologias. Ando devagar e anti-social, todos evitam se encarar. Procuro lugar, não quero dividir minha solidão com ninguém. Em cada mesa, uma alma indivisível, incorruptível, impenetrável. Sentados docilmente, cada um em sua divisória. É a dança das cadeiras, corro em direção a uma livre e sento enquanto ainda está quente.
Nem olho para o lado, o movimento é incansável, o papel é reciclável, o refrigerante é inevitável, o catchup, provável, o desconforto é insuportável. Por que foi que vim aqui mesmo? Muitas luzes, nenhuma é do sol, sem relógio, sem contato, a vida separada por balcões e vitrines. Sim, existem alegrias tristes! Existências rebaixadas ao mínimo, fechadas, impermeáveis, entupidas, vergadas.
Um homem de terno passa, seu sapato vale mais que meu celular, uma mulher passa, carregando uma sacola como se fosse o centro de sua existência. Me pergunto, qual o valor destes valores? Como eu vim parar aqui? Que parte de mim compactua com isso? Corpos de plástico atrás de divisórias, vidas em promoção, felicidade à crédito, satisfação à prazo. Não fica melhor que isso.
Mastigo distraído. O som do copo vazio me tira do estado hipnótico. Terminei: estômago cheio e a estranha sensação de vazio. Uma faxineira me pergunta se pode retirar minha bandeja. “Tirar minha bandeja?“, Como assim? Deus!, como chegamos até aqui? É isso a vida? Ver filmes americanos, comer carne processada, retirar bandejas, ser o funcionário do mês? Eu queria responder com alguma citação do “Manifesto Comunista”, mas consegui dizer simplesmente: “Sim, obrigado“.
Fico estático, sem respostas, sem capacidade de agir. Apenas ressinto. Onde estão as linhas de fugas tão prometidas? Afinal, o século não era pra ser deleuzeano? Percebo uma mulher me olhando feio, ela quer sentar, não tem cadeira; ela deve estar se perguntando se eu não tenho mais nada pra fazer além de ficar segurando lugar na praça de ali(m)en(t)ação. Me levanto decidido, a caverna de Platão, cheia de imagens e cheiros vai ficando para trás. Piso lá fora, não tem ar condicionado, não tem wi-fi, e o sol ainda brilha.
Fim 

22 de junho de 2016

De qué se ríe ? Señor Ministro por Mario Benedetti ( Poema)


(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe


usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles


cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique


seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

Fin


18 de junho de 2016

Hora de tirar o manuscrito da gaveta...Em julho no Kindle da Amazon






Finalista do Prêmio Sesc de Literatura 2014.


Sinopse:



    Montevidéu, ano de 1977.

   O uruguaio Miguel Martínez vê realizado, ainda que tardiamente, o sonho de menino – o de conhecer o Rio de Janeiro. Porém, não poderia imaginar o quão sem graça seria viver na cidade maravilhosa, até conhecer Ana Clara Pernambuco - repórter do Diário de Noticias e responsável pela ONG Babilônia Azul, numa das maiores favelas cariocas.

   Morando num país periférico, belo e exótico, contudo esquecido e marginalizado pela ditadura militar dos anos 70, Ana Clara o arrastará para fora do seu mundo de fantasia o envolvendo numa arriscada investigação sobre a indústria de bebidas.

    

8 de junho de 2016

Piedritas en la ventana por Mario Benedetti ( Poema )


De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos
está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.

fim

" Piedritas en la ventada " é um breve relato de um poeta consciente de que havia bons motivos para seu retorno ao Uruguai. Os jornais e revistas relatavam  promessa de prosperidade, estabilidade, liberdade e de  mudança de governo e política que regia o destino do país. Ressabiado se aquilo era verdade ou somente uma cortina de fumaça, Mario Benedetti tinha dúvidas se teria lugar para ele e sua literatura neste novo mundo. Por fim resolve dar um voto de confiança e reconstruir a ponte que o separava de sua terra natal. ( Sem jamais esquecer o sofrimento de todos aqueles anos de chumbo ).

5 de junho de 2016

A imagen y semejanza por Mário Benedetti ( Cuento )


Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón. Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga. Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos. La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado. Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito. La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón. Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.



FIN