5 de dezembro de 2016

Férias...volto em 2017



AOS MEUS 3 BRAVOS E PERSISTENTES  LEITORES, DESEJO UM FELIZ NATAL E UM ANO NOVO REPLETO DE REALIZAÇÕES ! 


"Deixe-me ir

Preciso andar

Vou por aí a procurar

Rir pra não chorar

Se alguém por mim perguntar

Diga que eu só vou voltar

Depois que me encontrar "

                                     Cartola


4 de dezembro de 2016

Esa boca por Mario Benedetti ( Conto )





Su entusiasmo por el circo se venía arrastrando desde tiempo atrás. Dos meses, quizá. Pero cuando siete años son toda la vida y aún se ve el mundo de los mayores como una muchedumbre a través de un vidrio esmerilado, entonces dos meses representan un largo, insondable proceso. Sus hermanos mayores habían ido dos o tres veces e imitaban minuciosamente las graciosas desgracias de los payasos y las contorsiones y equilibrios de los forzudos. También los compañeros de la escuela lo habían visto y se reían con grandes aspavientos al recordar este golpe o aquella pirueta. Sólo que Carlos no sabía que eran exageraciones destinadas a él, a él que no iba al circo porque el padre entendía que era muy impresionable y podía conmoverse demasiado ante el riesgo inútil que corrían los trapecistas. Sin embargo, Carlos sentía algo parecido a un dolor en el pecho siempre que pensaba en los payasos. Cada día se le iba siendo más difícil 

Entonces preparó la frase y en el momento oportuno se la dijo al padre: « ¿No habría forma de que yo pudiese ir alguna vez al circo? » A los siete años, toda frase larga resulta simpática y el padre se vio obligado primero a sonreír, luego a explicarse: «No quiero que veas a los trapecistas. » En cuanto oyó esto, Carlos se sintió verdaderamente a salvo, porque él no tenía interés en los trapecistas. « ¿Y si me fuera cuando empieza ese número? » « Bueno », contestó el padre, « así, sí».

La madre compró dos entradas y lo llevó el sábado de noche. Apareció una mujer de malla roja que hacía equilibrio sobre un caballo blanco. Él esperaba a los payasos. Aplaudieron. Después salieron unos monos que andaban en bicicleta, pero él esperaba a los payasos. Otra vez aplaudieron y apareció un malabarista. Carlos miraba con los ojos muy abiertos, pero de pronto se encontró bostezando. Aplaudieron de nuevo y salieron -ahora sí- los payasos.

Su interés llegó a la máxima tensión. Eran cuatro, dos de ellos enanos. Uno de los grandes hizo una cabriola, de aquellas que imitaba su hermano mayor. Un enano se le metió entre las piernas y el payaso grande le pegó sonoramente en el trasero. Casi todos los espectadores se reían y algunos muchachitos empezaban a festejar el chiste mímico antes aún de que el payaso emprendiera su gesto. Los dos enanos se trenzaron en la milésima versión de una pelea absurda, mientras el menos cómico de los otros dos los alentaba para que se pegasen. Entonces el segundo payaso grande, que era sin lugar a dudas el más cómico, se acercó a la baranda que limitaba la pista, y Carlos lo vio junto a él, tan cerca que pudo distinguir la boca cansada del hombre bajo la risa pintada y fija del payaso. Por un instante el pobre diablo vio aquella carita asombrada y le sonrió, de modo imperceptible, con sus labios verdaderos. Pero los otros tres habían concluido y el payaso más cómico se unió a los demás en los porrazos y saltos finales, y todos aplaudieron, aun la madre de Carlos.

Y como después venían los trapecistas, de acuerdo a lo convenido, la madre lo tomó de un brazo y salieron a la calle. Ahora sí había visto el circo, como sus hermanos y los compañeros del colegio. Sentía el pecho vacío y no le importaba qué iba a decir mañana. Serían las once de la noche, pero la madre sospechaba algo y lo introdujo en la zona de luz de una vidriera. Le pasó despacio, como si no lo creyera, una mano por los ojos, y después le preguntó si estaba llorando. Él no dijo nada. «¿Es por los trapecistas? ¿Tenías ganas de verlos?

Ya era demasiado. A él no le interesaban los trapecistas. Sólo para destruir el malentendido, explicó que lloraba porque los payasos no le hacían reír.


Não há vagas por Ferreira Gullar ( R.I.P )




O preço do feijão
não cabe no poema. O preço
do arroz
não cabe no poema.
Não cabem no poema o gás
a luz o telefone
a sonegação
do leite
da carne
do açúcar
do pão
O funcionário público
não cabe no poema
com seu salário de fome
sua vida fechada
em arquivos.
Como não cabe no poema
o operário
que esmerila seu dia de aço
e carvão
nas oficinas escuras
- porque o poema, senhores,
está fechado:
“não há vagas”
Só cabe no poema
o homem sem estômago
a mulher de nuvens
a fruta sem preço
O poema, senhores,
não fede
nem cheira


3 de dezembro de 2016

Porque hoje é sábado, minha dica de filme: A Conversação, de Francis Ford Coppola




A Conversação, que Francis Ford Coppola escreveu e dirigiu em 1974, é provavelmente um dos filmes que espelham, mostram, traduzem com maior rigor, precisão, perfeição, o espírito da sua época, do seu momento histórico. Trata da perda dos valores morais da nação americana nos anos Nixon. De maneira profética, foi produzido e lançado pouco antes de estourar o escândalo Watergate, que revelou ao mundo como o esgoto havia tomado conta da Casa Branca no início dos anos 70.

Para lembrar, bem rapidamente: a história começou como um pequeno crime comum – invasão e roubo no quartel general da campanha democrata à presidência da República, num prédio de Washington chamado Watergate. À medida em que avançavam as investigações, ia ficando cada vez mais claro que se tratava, na verdade, de uma manobra de espionagem, a mando da campanha rival, a da reeleição de Richard Nixon. E que a ordem para a espionagem havia sido dada de dentro da Casa Branca. Os assessores foram sendo envolvidos um a um no escândalo, como num dominó, até se chegar à conclusão de que a manobra havia tido o conhecimento e a aprovação do próprio presidente. As comissões de investigação no Congresso foram descobrindo, então, que todas as reuniões feitas por Nixon e seus assessores mais próximos eram gravadas em fitas.

A Conversação gira em torno de Harry Caul (uma interpretação magnífica do grande Gene Hackman), um especialista em escuta e gravação clandestinas em fitas, o grampo.

A Conversação/The Conversation
De Francis Ford Coppola, EUA, 1974
Com Gene Hackman (Harry Caul), John Cazale (Stanley), Allen Garfield (Bernie Moran), Frederic Forrest (Mark), Cindy Williams (Ann), Teri Garr (Amy), Harrison Ford (Martin Stett), Elizabeth MacRae (Meredith), Robert Duvall (o diretor), Michael Higgins (Paul) 
Argumento e roteiro Francis Ford Coppola
Fotografia Bill Butler
Música David Shire
Montagem Richard Chew
Som Walter Murch 
Produção Francis Ford Coppola, American Zoetrope, The Directors Company, Paramount Pictures. DVD Lume Filmes.
Cor, 113 min